Destrucción de helicópteros sería represalia del narcotráfico

La destrucción de los tres helicópteros de la empresa TGP, el viernes 5, ha sido un hecho que no solo ha demostrado que las FFAA no tiene el control de esa parte cusqueña del entorno del VRAE, sino también ha generado la necesidad de explicaciones de por qué el llamado Gabriel y sus columnas realizó ese ataque a bienes de una empresa privada transnacional.

EXPLICACIONES

En esa línea, han aparecido diversos comentarios que intentan dar esa explicación. Empezaré por describir las que se han esgrimido y pasaré a plantear una hipótesis que, en base a datos concretos, sea plausible.

No creo que, como lo ha señalado el mismo Gabriel (en una interceptación radial, del día de ayer) y otras personas, que esa acción haya sido por el incumplimiento de algunos puntos que solicitaron en abril pasado, cuando secuestraron 36 trabajadores de esa misma empresa, y otros que no conocemos. Esos pedidos, en lo fundamental, fueron satisfechos por la empresa: se les entregó una parte del dinero que pedían (la mitad de los 10 millones de dólares) y las FFAA no entraron a proteger los ductos del gas. Lo segundo era, después del dinero, su pedido más importante. La empresa hizo lo que Gabriel y sus huestes le pidieron.

Tampoco creo que se deba -como también se ha esgrimido- a que la empresa TGP cediera a las FFAA el aeródromo de Kiteni, en el contexto del Operativo “Libertad” que fue un estrepitoso fracaso. O, a cualquier otro tipo de apoyo que les haya dado a los militares. Y no creo que tenga nada que ver con supuestos abusos con los trabajadores de la empresa. O, con algún incumplimiento con las comunidades originarias del área de influencia del proyecto Camisea. Esas “razones” solo existirían en la cabeza de Gabriel. No sé de la existencia de esos problemas.

HIPÓTESIS

Ninguna de esas razones agota la explicación de qué fue lo que llevó a Gabriel a realizar esa acción -por primera vez, en más de doce años- a una empresa transnacional. Empresas que, es verdad, tuvieron compromisos directos de esta organización narcosenderista de no ser saboteados ni destruidos. Mi hipótesis es que la destrucción de esos aparatos es una represalia debido a que la empresa no habría accedido a un pedido que le hicieran los narcotraficantes, incluido el propio Gabriel. ¿Cuál sería ese pedido? El uso del aeródromo de Kiteni, en el distrito de Echarate, La Convención/Cusco, para narcovuelos.

Dos hechos, ocurridos en los dos últimos meses y medio, y que pocos tuvieron conocimiento pero ahora que revisten importancia, abonan esa hipótesis de una represalia del narcotráfico, por intermedio de las columnas de Gabriel. Por un lado, según testimonio de un testigo, hace unos dos meses y medio, aterrizó una moderna avioneta colombiana por razones “técnicas”, en el aeródromo de Las Malvinas de una empresa petrolera, ubicado en el Bajo Amazonas. Según esa misma fuente, uno de los ocupantes de la avioneta, quien portaba notorias alhajas de oro en su cuerpo, habría sido un capo del narcotráfico y que la policía que se encontraba en el lugar habría querido caerle encima.

ACUERDO

Frente a esta intención de los policías, el personal de dicha empresa les habría señalado que ellos “estaban allí para cuidar a la empresa y no para capturar a nadie”. Debido a esa decisión de la empresa, los policías no hicieron nada. Y, tras resolver las “fallas” técnicas, que dicho sea de paso contó con el apoyo de la empresa, la avioneta colombiana y su millonario propietario alzó vuelo. Al respecto, dos preguntas: ¿qué hacía una avioneta colombiana y un “capo” de la droga por el Bajo Urubamba? y ¿qué trataron con la empresa aprovechando la falla “técnica” de la moderna avioneta? El segundo hecho quizá nos dé el hilo conductor.

NATIVOS

De otro lado, según un técnico de la zona, hace un mes y varios días, la comunidad nativa de Timpia, ubicada también en el Bajo Urubamba, en el distrito de Echarate, fue visitada por los narcotraficantes (no descartó que haya estado algún miembro de la organización de Gabriel en ese grupo), quienes conversaron con el jefe nativo con un solo propósito: que se reabra o reactive el aeródromo de la comunidad, que fuera construido -hace varias décadas- por los Dominicos. Según la misma fuente, los narcotraficantes habrían llegado a presionar al jefe nativo.

Estos hechos revelarían que narcotraficantes internacionales y nacionales (incluido el clan del que forma parte Gabriel y sus huestes, quienes controlan esa ruta de la droga y envían cargas hacia Atalaya y, desde marzo y julio, Contamana e Iquitos), estaban buscando reabrir aeródromos (Timpia) para utilizarlos para narcovuelos, es decir, para enviar cargas de cocaína en avionetas hacia Brasil. La presencia del colombiano con una avioneta moderna en Las Malvinas, apuntaría en ese sentido. Llegado hasta aquí, es posible suponer que los narcotraficantes colombianos y Gabriel y sus huestes no solo le hayan propuesto a la comunidad nativa de Timpia usar su aeródromo sino, también, a la empresa TGP para usar el aeródromo de Kiteni.

PISTAS

Esta presunción se refuerza si tenemos en cuenta que, desde fines del 2007 hasta setiembre pasado, se han detectado 12 pistas, entre clandestinas y aeródromos existentes, que el narcotráfico está utilizando. Y, solo en este año se han detectado 5 pistas clandestinas y, un número igual, de narcoavionetas. En la mayoría de estas naves la policía antidroga encontró cargas de gran volumen de cocaína.

Ergo, definitivamente ya se configuró un nuevo puente aéreo entre Perú-Bolivia y Brasil. Todo indica que el narcotráfico ha pasado de la activación a la intensificación del uso de los vuelos clandestinos de la cocaína. En este contexto, la hipótesis de que el móvil, entre otros factores, de la destrucción de los tres helicópteros sería una represalia del narcotráfico, se fortalece. Pero ahí no queda todo. De acuerdo a una nota de La República, basada en información de la Dirandro, los 194 kilos de cocaína que fueron decomisados junto a una narcoavioneta de matrícula boliviana, en el caserío El Milagro, en el distrito de Ciudad Constitución, Oxapampa/Pasco, el 15 de setiembre pasado, pertenecían a los Quispe Palomino.

CONCLUSIÓN

En suma, por los datos aludidos, la destrucción de los tres helicópteros de la empresa de TGP sería una represalia del narcotráfico por no haber aceptado el pedido de utilizar el aeródromo de Kiteni para envíos de droga en avionetas. Ese podría ser el pedido “incumplido” que habría desencadenado ese ataque. El propio mensaje de Gabriel deja abierta esa posibilidad. Él afirma que “por el incumplimiento de la empresa se llegó a esta situación”. ¿A qué incumplimiento se refiere? La alusión es general y gaseosa. Y, como señalamos arriba, la parte más importante de los pedidos de este grupo armado del narcotráfico fue cumplida (dinero y no aceptar la presencia militar en los ductos) por la empresa.

La destrucción de los tres helicópteros en el aeródromo de Kiteni no es, pues, un regreso de la organización del clan Quispe Palomino a las acciones terroristas de las décadas de los 80 y 90, es decir, un ataque con móviles políticos e ideológicos o producto de una estrategia antiterrorista. Nada de eso. Este sería un ataque movido por negocios, por intereses económicos.

Fuente : Diariocorreo.pe

This entry was posted in Noticias and tagged , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *